lunes, 23 de diciembre de 2013

AROMAS


                                            Taza de té, acompañada con menta, (internet)





Como cada año por estas fechas, en las que estamos inmersos en la fiebre consumista, que provoca entre otras cosas,  dirigir nuestros pasos a un centro comercial.

Siendo esto así, me pasé por una tienda especializada en té y sus múltiples cachivaches, para hacerlo, degustarlo, guardarlo, acompañarlo y conocerlo.

Es un mundo complejo, con cientos de variedades, y miles de combinaciones, espere mi turno, hasta que una amplia sonrisa, se dirigió hacia mí, preguntándome que deseaba.

Té por supuesto, un tipo concreto, por estas fecha sacan una mezcla especial, que no venden el resto del año, es el de Navidad.

Aprovechando la disponibilidad de la dependienta y a que no tenía clientes esperando, acepté su sugerencia de mirar otras combinaciones.

Sacaba una latas enormes de la estantería de madera que tenía detrás y en un grácil movimiento  la presentaba ante mi abierta y removiendo la mezcla, para que sobresalieran los profundos aromas, que deleitaban mis fosas nasales.

A medida que me iba presentando latas de distintas variedades y que sus olores me embargaban, cada uno me producía una ensoñación, retrotayéndome un recuerdo olvidado.

Desde el conocido te negro tradicional, digamos el gusto inglés por excelencia. recordándome, mis años estudiantiles, con inmensas tazas de té con galletas, para merendar, entre libracos de leyes.

El principio del conocimiento, de las diversas maneras de aromatizar el té, con frutos rojos, canela, y flores, tomando entre conversaciones, más o menos sugerentes y caricias atrevidas, entre sorbos con miradas encendidas y risas cómplices.

La llegada del té verde, con la bandera de la ecología, las causas nobles, perdidas de antemano, las promesas hechas y rubricadas en la arena de la playa, con nuestras huellas de testigos.

El te rojo, para depurar nuestro cuerpo, de los excesos acumulados a través de los años, intentando recuperar el brillo de nuestros ojos, y la sal de nuestras lágrimas.

Té blanco, el señorío de los que han llegado, están situados en los altares, y pueden juzgar a sus congéneres, con cierta benevolencia. Calma el corazón y nos da la serenidad necesaria para descubrir el día.

Tras este paseo olfativo, descubriendo caras tras cada aroma, a las que con mucho esfuerzo, podía poner nombre, regresé al té que quería llevarme.

Manteniendo una tradición, de llevarme a casa un perfume que inunda la sala de sensaciones de paz, amor y bienestar, como deseos para todos con los que compartimos este pequeño planeta.





6 comentarios:

  1. La carta de té llevaba cada olor atado a un recuerdo. Como ocurre con la vida. Como ocurre con lo que uno sabe que sabe.
    Que haya miles de aromas por poder ser recordadas en el el futuro con una sonrisa de oreja a oreja.
    Porque amando lo conocido, lo mejor aún esté por llegar.
    Mi té con canela, hoy huele a tu amistad.

    Felices fiestas. Un abrazo grande.

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  2. Muchas gracias, un abrazo con la calidez de una reconfortante y aromática taza de té. Felices fiestas Albada2!

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  3. Es curioso este mundillo de los olores aromáticos. Es también una cultura, una tradición, una costumbre mucho más sana, sobre todo para los que fumamos.
    Es una costumbre inocua, y social, ya que predispone al diálogo.

    En definitiva, una buena costumbre, no la pierdas.

    Un saludo navideño.

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    1. Las buenas costumbres no hay que perderlas.
      Un saludo festivo.

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  4. Me encanta el té y sus aromas... Chulísima crónica de las hierbas.

    Besos Alfred!

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    1. El té proporciona unos momentos de relajación, mientras lo preparas y degustas, muy agradable.
      Besos Sofya!

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