miércoles, 27 de noviembre de 2013

Sorpresa al alba







Amanecía con esa luz lechosa de un día con nubes bajas, el comisario paso entre los curiosos, cuando  unos agentes uniformados levantaron la cinta que delimitaba el perímetro de protección,  al área del crimen.

Se encontró con el forense inspeccionando la victima y a los inspectores esperando su primer dictamen  y también la presencia del juez, para proceder al levantamiento del cadáver.

La silueta perfilada del cuerpo, para determinar donde estaba, cuando lo sacaran, le daba un aire americanizado al crimen.

Tapada con una manta de mudanzas, basta, oscura, deshilachada,  que le daba un aspecto cutre,  muy acorde con el barrio, que se quería recuperar, con establecimientos dedicados a las últimas tendencias en moda, decoración, salas de arte.

Sólo sus brillantes zapatos de charol, que asomaban por debajo de la manta, delataban una cierta clase, de la dama yacente.

Impresionaba la indiferencia ante la tragedia de todos los presentes, profesionales avezados para los cuales sólo era un caso más.

Como fuera de campo, en un escenario secundario, donde estaban los coches oficiales, una agente tomaba nota de las declaraciones de un testigo ciego, que fue el encontró el cuerpo, mejor digamos tropezó con el.

El comisario se acerco hasta ellos y les pidió que le relataran otra vez los hechos, con todos los detalles posibles, omitió la frase, por banales que parezcan.

Saúl, les contó que siempre se pasaba por una tienda de verduras ecológicas, que dada la alta caducidad de sus productos, le daban lo que no estaba apto para la venta.

Se lo preparaba en un cuarto que había en unos bajos, un almacén para guardaban muebles y artículos viejos, en donde le dejaban pasar la noche.

Recordó como oyó unos pasos apresurados de mujer, aparentemente sola, como luego, sin motivo aparente, se puso a gritar, pues no le pareció que discutiera con nadie.

No solían adentrarse  por el pasaje, era peatonal y aparentemente no parecía tener salida, pues de frente se veía un edificio, y la salida era en angulo recto. Aunque lo habían arreglado hacía relativamente poco, lo inauguró el alcalde saliente, cuando quería recuperar los votos perdidos del barrio, por la dejadez del concejal de su equipo de gobierno, responsable del mismo.

Estaba poco iluminado, por lo de evitar la contaminación lumínica y esas cosas, y con árboles demasiado grandes para el tamaño de la calle, en suma de noche daba miedo y sólo lo usaban los vecinos que sabían el atajo que era.

Cuando se dirigió hacia la mujer, orientándose por sus gritos dijo, que de golpe se hizo un silencio sepulcral, sin haber oído ninguna señal de pelea, ni de caer un cuerpo, ni nadie alejándose.

Dada la hora, y su apestoso aliento alcohólico, sus declaraciones, se pusieron inmediatamente en entredicho,
cómo podía estar seguro de que no hubiera nadie más en la escena del crimen, si apenas se mantenía en pie.

Al comisario le pareció todo un tanto curioso, un negro, ciego, testigo de un crimen, cuya victima, una mujer blanca, relativamente joven, no aparentaba más de treinta y cinco, atractiva, a la cual no parecía que le faltase nada, parte del contenido del bolso estaba por el suelo, con la ropa intacta, menos el agujero sanguinolento en el pecho, las medias rotas y un abrigo rasgado.

Siempre podía decirse que le podían haber quitado un maletín o un porta documentos, alguna cosa así, pero parecía mas venir de una fiesta, por el modo en cómo iba vestida.

No parecía una agresión de carácter sexual, quizás un  intento de robo, también podía ser una venganza, un ajuste de cuentas, pero a una mujer no parecía probable.

El hecho de qué gritara a alguien, podía ser que increpase a un conocido,  un crimen pasional tal vez. pero no solían ser tan limpios.

El comisario se quedo contemplando el blanco bastón ensangrentado de Saúl, cuando éste se alejaba hacia su cuartucho, tras darlo las autoridades por no apto para declarar, movía el basto haciendo arcos , de un lado hacia otro, del derecho y del revés, rozando el suelo.

Con lo cual, al tropezar con el cuerpo tendido, tenía que haberse parado, e inclinado hacia el suelo para saber que era una mujer muerta.

No le habría pasado por encima y tampoco le había clavado el bastón, que estaba manchado de sangre,.inmediatamente ordenó a uno de sus hombres, que fuera otra vez por él.

Evidentemente, ya no estaba.









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6 comentarios:

  1. Yo creo Alfred, que si Alfred Hitchcook te hubiera conocido, te hubiera contratado.
    Me ha gustado.

    Un saludo navideño.

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    1. Encuentro exagerado el supuesto, pero entre Alfreds nunca se sabe.
      Gracias!
      Un saludo destivo,

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  2. Comencé a leerlo y me enganché tanto que necesité que continuara. Me parece que es una buena base para un relato más extenso.
    Un abrazo.
    HD

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  3. Pues será cuestión de ponerse.
    Un abrazo.

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  4. Vamos a seguirlo. El suspense se cuece entre el narrador y las sombras.

    Un abrazo

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    1. La nebulosa que envuelve la ceguera del prófugo, nos obliga a salir de la sombra para atraparlo.
      Un abrazo.

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