viernes, 11 de enero de 2013

Fotografía (4)

Entro todo decidido en el hostal, les comente lo no visto y la ausencia de actividad en la casa, lógicamente me contestaron que qué esperaba y que recordase que me estaba metiendo en una propiedad privada, si me veían fisgoneando podría tener problemas.
Bueno, es normal salir a pasear por el campo y pasar cerca de alguna propiedad, y quedarse mirando, tampoco había para tanto.
Subí a mi habitación, conecte el portátil, y me dispuse a descargar las fotos que había tomado de la casa y sus alrededores.
Estaban hechas con una cámara compactal de una calidad aceptable y salían unas fotos la mar de resultonas, con lo que tendría un material de estudio aceptable.
Lo que no me esperaba y por ello se me cayeron al suelo y lo que es peor sin ganas de recogerlos, fue ver en una foto de las que hice intentando ver tanto el interior de la casa a través de un trozo de contraventana roto, como del establo.
Unos ojos, unos ojos abiertos cómo platos, unos ojos con vida, extraña pero vida, que no se cerraron ante el disparo de un flash entrometido en un viejo y roñoso establo abandonado.
Me temblaban las manos tanto, que cuando quise calmar mi ansiedad con un trago de agua, el recorrido del vaso hasta la boca fue suficientes para dejar el contenido por el trayecto.
De tan impresionado como estaba cerré el ordenador de un manotazo, cómo teniendo pánico de que ese rostro inexpresivo, saliera a dar una vuelta por mi habitación.


                                          Fotos tomadas de Google de Sibarita (r)

Tras refrescarme la cara en el lavabo con un agua helada, a la cual no podía achacar el castañear de mis dientes, me dispuse a bajar al bar para tomarme algo altamente espirituoso, no diera lugar a ninguna duda de su carácter desinfectante.
Con la precipitación con la que me vieron subir y el aspecto demudado al bajar, no tuve que decir nada para que me encontrara con un vaso bien colmado delante mio.
Me lo bebí, cómo si de agua se tratase, y el efecto fue demoledor, con un ataque de tos que me dejo postrado.
El hostelero, hombre de dilatada experiencia en la recuperación de mentecatos caídos en un vano intento de emular a Bogart, en sus memorables actuaciones, me recogió del suelo y me dijo, que en cuanto quisiera, tendría todo el tiempo necesario para escucharme.
Le indique que quería volver enseguida arriba, a la casa, que había algo que comprobar inmediatamente  pero el no me dejo salir, primero hablemos, me indico llevándome a una mesa para que me sentara y pudiera apoyar mis temblorosas manos.
Y ahí fue donde le expliqué qué me había traído hacia aquel lugar perdido en la geografía del país, lo que venía buscando y sin atreverme a decirlo, lo que me había asustado.
Me hizo ver la decoración del local, con unas hermosas fotografías de los paisajes de los alrededores, en todas las estaciones, eran un fiel homenaje a la belleza del entorno.
Me comento que eran obra de la propietaria del caserón, y que está al principio de instalarse, bajaba a menudo a comer al hostal, que entablaron una buena relación y que les fue regalando fotos, siempre de paisajes, les dijo que no hacia retratos, no quería fotografiar personas.
Un buen día, dejo de pasar por el local, extrañado por la prolongada ausencia y en el temor de necesitar alguna ayuda, subió hasta la casa, encontrándola cerrada a cal y canto, y sin señales del coche, con lo que dedujo qué había regresado a la ciudad, y no volvieron a sabe nada de ella.
Me prometió, en cuanto mi estado lo permitiese, acompañarme hasta la casa y hacer una inspección ocular.
Asentí con la cabeza, como un boxeador noqueado, ante su entrenador a punto de tirar la toalla.

2 comentarios:

  1. Me he reído con tu descripción del estado de tu protagonista. Con el aspecto demudado, el hostelero no sé si acertó con su potente copa ante él.
    Pero seguramente sí.
    Esas fotos, sin personas entre el paisaje, deben ser una maravilla.

    Te voy siguiendo. Un abrazo.

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    1. Bueno verás, lo cierto es, que el vaso de orujo, cauterizó la úlcera duodenal por estrés que arrastraba.
      Un abrazo!

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