martes, 8 de enero de 2013

Fotografía (3)

Me desperté en un estado personal altamente mejorable, tras pasar por el baño para mis abluciones matinales  baje con prontitud en busca de un café o dos, que me reincorporaran a la vida inteligente.

Una vez desayunado, con brío renovado, el ánimo presto para la acción, me dirigí hacia el camino de subida,  acometiendo el ascenso por la parte más practicable que era la más larga.
Cuando ya vislumbre la casa, mi estado de cansancio me hizo sentarme en una roca desde la que tenía una bella vista del pueblo y y de la casa, no había señales de vida en ninguno de los dos lugares, lo cual era un tanto descorazonador.
Pero bueno no estaba allí para potenciar la actividad de la zona, seguí por el camino hasta llegar a una explanada, se suponía que una antigua era, en la que los hierbajos se habían hecho los dueños.
Mucho tiempo sin pasar ningún ser vivo, ni huellas de animales ni de personas y menos de vehículos.
Me quede atento, escuchando, pues al ruido natural de los pájaros, el remover del viento las brancas de lo árboles y una fuente con un caño del que brotaba un buen chorro de agua, me pareció oír una especie de susurro, como una letanía, algo incoherente.
Estuve super quieto, un montón de rato, pensé que no hubiera un rebaño de ovejas encerrado, pero se escucharía algún valido.
No, ahí no había nadie, pero el susurro era persistente y audible e inquietante, me acerque a una construcción, que parecía donde se guardaban las balas de paja y los aperos, la puerta estaba cerrada con una cadena, pero se podía ver el interior oscuro, a través de las telarañas, entre las tablas de la puerta.
Un coche desvencijado, con las ruedas desinfladas y mucho polvo acumulado, esperaba el rescate de un amante de los vehículos históricos.
Mire alrededor, los restos de una cañas que se mal aguantaban sobre una matas, denotaban los restos de un huerto abandonado.
Avancé hacia la casa, su estado era lamentable, los porticones estaban desconchados, y el color original a penas se podía entrever, estando totalmente desvaídos.
Llamé la puerta, estirando una cadena que originariamente activaba una campanilla interior, pero en este caso no dio dicha opción y si me quede con una cadena totalmente oxidada en la mano.
Como no se produjo sonido alguno en el interior, en el exterior me ocupe de soltar una maldición entre dientes.
Llamé otra vez, aporreando la puerta con el puño, pero no escuche nada que delatara movimiento dentro, recorrí el perímetro de la casa, todas las contraventanas estaban cerradas, no pude atisbar el interior.
Mire hacia el piso superior, la hiedra invadía toda la casa, con lo que no podía ver bien las ventanas, aunque no estaban cubiertas, había un balconcillo, pero demasiado alto para intentar el asalto.
Opte por una retirada táctica, era imposible la entrada sin forzar o romper alguna ventana y no podía arriesgarse a cometer una ilegalidad.
Cuando pase por la casa de la entrada, me pareció oír otra vez el murmullo inquietante, pero tenía decidido hacerlo todo correcto y me fui camino abajo.


                                                       Foto tomada de Google

2 comentarios:

  1. Imagino una campanilla que resuena en un solar vacío. La cuesta me ha dejado exhausta. Los tejanos se me enganchan en las piernas, la maldita cámara reflex ha ido golpeando mis riñones una y otra vez por la subida entre arañazos de zarzas y olvidos.

    Sigo. Te sigo. Un abrazo.

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  2. Lo peor, aparte de los multiple arañazos, que tengo por cara y brazos, a causa de los zarzales que rodean toda la casa, es la impresión que me queda.
    Un abrazo.

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