domingo, 29 de diciembre de 2013

Una quimera



                                                 Imagen obtenida de internet, gracias.

Sabía que sin sol no se podía vivir, se necesitaba su luz y calor, para seguir vivos, moverse en aquella tierra inhóspita en la que había nacido era difícil.
En un páramo desierto, sin compañía que le indicara que hacer, sólo algunos animales que huían ante su presencia y congéneres que se reían de sus atribulaciones.
No le quedaba otra opción que seguir  hacia el ocaso en busca de ganar tiempo al sol, no ceder ni un palmo de terreno, para asegurarse estar siempre iluminado y caliente por el astro rey.
Eso le llevaba a un desgaste enorme de sus energías,  que a duras penas iba reponiendo con frutos y alimañas comidos con prisas y de malas maneras.
Así transcurría su día, siempre en marcha sin desfallecer, atravesando campos, subiendo montañas, vadeando ríos, nadando mares, en una lucha sin cuartel para no perder su esperanza de vida.
Hasta que empezó a sentir los desiertos más agrestes, las cordilleras insuperables, los ríos infranqueables y las cimas demasiado elevadas.
Sus fuerzas se agotaban por momentos y la carrera por no perder los rayos benefactores, se perdía irremediablemente, poco a poco, su suerte estaba echada.
Cuando estaba entrando en la penumbra y sintió su fin cercano, le entró una desazón inmensa, por estar solo, acabar sin ninguna compañía a quién desvelar sus pensamientos.
Acumulados  en ese día sin fin, en contadas ocasiones, cuando era más joven, había perdido el tiempo con cruzar unas palabras con los habitantes de los poblados y aldeas que cruzaba apresurado.
Y ahora, con sus fuerzas en declarado abandono , y la oscuridad de la noche cerniéndose sobre él, cómo un sudario, sentía que los necesitaba.
Un hombro donde apoyarse en su caída, una mano  afectuosa en su frente, unas palabras susurradas al oído, le harían la despedida más aceptable.
Vio una luz, pequeña, apenas un hilillo de claridad, proveniente según se acercaba de una cabaña,  pobre pero  muy acicalada, con muchos tiestos con flores en la entrada y en la ventana.
En plena penumbra llamó, convencido que era lo último que podría hacer su cuerpo antes de desobedecerle por completo.
Una mujer mayor, le abrió, le acogió, lo acerco al fuego de un hogar, donde un suave aroma de verduras, sobresalía de una olla, de la que sacó un poco con un cucharón, para que tomara algo caliente.
Se sintió ligeramente mejor, se quedo acurrucado ante el fuego, sintiendo como su calor entraba en su cuerpo.
La mujer no le preguntó nada, simplemente le cedió una manta, para que se sintiera aún mejor, y le explicó que tenía un rebaño de cabras, que se cuidaba de ellas y de su huerto, que hacía unos excelentes quesos, que le venían a buscar.
Nunca se había movido de aquel lugar, sus fantasías se reducían a recorrer el mundo a través de los libros que le traían sus clientes.
El asentía con la cabeza, y pensó que su muerte podría esperar, ni siquiera un poco, en llegar.



sábado, 28 de diciembre de 2013

La primera vez


                                                      Imagen obtenida de internet, gracias.


De pequeño ya apuntaba maneras, como no era muy de estudiar y a duras penas acabo la elemental; en el colegio de los hermanos maristas, recomendaron a sus padres, que lo colocaran de aprendiz, para que se forjara su futuro, con  un oficio.

Listo era, pero estudioso y aplicado no y un poco gamberro también, aunque eso no se lo dijeron a la madre, para no hacerle sufrir más de la cuenta.

Como el padre era conocido en el barrio, empezó a dar voces, para ver de colocar a Paquito, el primogénito, en algún lugar que le reportara algo de provecho.

En la sucursal bancaria donde Ceferino tenía sus ahorros, rápidamente le ofrecieron un aplaza de botones para el chaval, a cambio de un plazo fijo poco remunerado pero muy seguro.

Fue así como nuestro héroe, empezó su brillante carrera en el mundo financiero, primero de la mano de don Genaro y luego por distintos responsables de áreas cada vez mas especializadas y confidenciales.

Con su tesón y buenas relaciones,  al fin llegó a la cumbre, presidiendo la entidad, que gracias a sus habilidades, había ido creciendo, por absorción de otras entidades que habían ido entrando en situaciones poco rentables o por causas de rumores hechos circular en momentos adecuados, en unas bajadas de cotización increíbles, asustando a los inversores, que vendían sus acciones, a precio de saldo.

Una vez sentado en la poltrona de presidente de la entidad, con un buen colchón de títulos de propiedad de la misma en su bolsillo y el control de oros muchos por favores y detalles diversos, su carrera hasta la jubilación estaba garantizada.

Fue entonces, sentado en un su sillón, ante una mesa impoluta, caoba importada, en un despacho en el que cabían ampliamente varias viviendas, de cualquiera de sus empleados, con unas vistas impresionantes sobre la ciudad.

Cómo siendo un hábil botones, que sabía ver quien tenía posibles para operar en el banco, el solícito, se prestaba en ayudarles y confundirles lo suficiente como para invertir en lo más rentables para la entidad.

Llegando los recuerdos a su primera vez; aquella anciana, preocupada por obtener una mejor rentabilidad , para poder pagar los estudios a su nieto, a la que le colocó un paquete de acciones de una entidad inmobiliaria a punto de quebrar, con lo que  aquella pobre viejecita acabó sin poder sufragar las matriculas, ya qué le birló todos sus ahorros.

Don Paco se sentía satisfecho, toda una carrera, donde los sentimentalismos no habían intervenido para nada, y la eficacia había sido norma.


lunes, 23 de diciembre de 2013

AROMAS


                                            Taza de té, acompañada con menta, (internet)





Como cada año por estas fechas, en las que estamos inmersos en la fiebre consumista, que provoca entre otras cosas,  dirigir nuestros pasos a un centro comercial.

Siendo esto así, me pasé por una tienda especializada en té y sus múltiples cachivaches, para hacerlo, degustarlo, guardarlo, acompañarlo y conocerlo.

Es un mundo complejo, con cientos de variedades, y miles de combinaciones, espere mi turno, hasta que una amplia sonrisa, se dirigió hacia mí, preguntándome que deseaba.

Té por supuesto, un tipo concreto, por estas fecha sacan una mezcla especial, que no venden el resto del año, es el de Navidad.

Aprovechando la disponibilidad de la dependienta y a que no tenía clientes esperando, acepté su sugerencia de mirar otras combinaciones.

Sacaba una latas enormes de la estantería de madera que tenía detrás y en un grácil movimiento  la presentaba ante mi abierta y removiendo la mezcla, para que sobresalieran los profundos aromas, que deleitaban mis fosas nasales.

A medida que me iba presentando latas de distintas variedades y que sus olores me embargaban, cada uno me producía una ensoñación, retrotayéndome un recuerdo olvidado.

Desde el conocido te negro tradicional, digamos el gusto inglés por excelencia. recordándome, mis años estudiantiles, con inmensas tazas de té con galletas, para merendar, entre libracos de leyes.

El principio del conocimiento, de las diversas maneras de aromatizar el té, con frutos rojos, canela, y flores, tomando entre conversaciones, más o menos sugerentes y caricias atrevidas, entre sorbos con miradas encendidas y risas cómplices.

La llegada del té verde, con la bandera de la ecología, las causas nobles, perdidas de antemano, las promesas hechas y rubricadas en la arena de la playa, con nuestras huellas de testigos.

El te rojo, para depurar nuestro cuerpo, de los excesos acumulados a través de los años, intentando recuperar el brillo de nuestros ojos, y la sal de nuestras lágrimas.

Té blanco, el señorío de los que han llegado, están situados en los altares, y pueden juzgar a sus congéneres, con cierta benevolencia. Calma el corazón y nos da la serenidad necesaria para descubrir el día.

Tras este paseo olfativo, descubriendo caras tras cada aroma, a las que con mucho esfuerzo, podía poner nombre, regresé al té que quería llevarme.

Manteniendo una tradición, de llevarme a casa un perfume que inunda la sala de sensaciones de paz, amor y bienestar, como deseos para todos con los que compartimos este pequeño planeta.





domingo, 15 de diciembre de 2013

Vacas



       Imagen obtenida de internet




En  un ascendente prado asomado al mar, en un acantilado respetable, con una valla protectora en la parte que linda con el abismo, apoyando su testuz en ella, que le impide caer al agua, se encuentra una pensativa vaca. Contempla con asombro, un inmenso disco blanco iluminando el agua.

Esa Luna puntual que la visita cada mes, le intriga lo suficiente como para hacerle ir a descansar, más tarde que sus compañeras.

Claro que ella tiene un plus de autoridad que le permite hacer ciertas cosas de forma diferente, las demás se limitan a seguir su cencerro.

Al estar cerca de un centro universitario de verano, en sus paseos por el campo, los asistentes solían discutir puntos de vista  divergentes, con respeto y argumentos de lo más variado, mientras las veían pacer tranquilamente.

Cosa de la cual ella se había beneficiado, allí plantada, con toda su magnificencia y una cara de profunda meditación, asistiendo así, a clases magistrales particulares.

Muchas veces las disquisiciones de los humanos,  le parecían un tanto absurdas, siendo cuestiones que afectaban a hechos históricos acaecidos hacía muchísimo tiempo.

Pero en cualquier caso, aprendía cosas y hechos muy interesantes, lo cual le permitía estar distraída, en el día a día.

Con lo aprendido hasta entonces, se daba cuenta de la cantidad de veces que los seres humanos, se enfrentaban a las mismas cuestiones, cómo los problemas se enquistaban y eran cuestiones recurrentes, generación tras generación.

Cuando se ponían a discutir de política y de sistemas de gobierno, ponía cara de asombro, y pensaba cómo podían estar todavía dándole vueltas a lo mismo.

Lo tenía muy claro, y le gustaba que le respetaran por ser la de más edad y la que se preocupaba por las demás compañeras, pero tenía muy asumido, que eso no le permitía imponer su voluntad, intentando siempre consensuar con las demás todo aquello que les atañía.

En sus reflexiones, sentía que a veces, sus congéneres sólo se preocupaban de comer la mayor cantidad de pasto posible, y en moverse poco, a partir de ahí, su vida podía completarse, ocupándose un poco de criar sus terneros, que siempre se los quitaban antes de verlos crecer y hacerse unos buenos toros.

Aún recordaba cuando conoció a uno adulto, mucho mayor que ella, y el festival que montaron los ganaderos, para que cumpliera con aquella jovencita, que por entonces no sabía de qué iba la cosa, aunque ahora tampoco se acordaba mucho, pero mejor que la mano del veterinario si le parecía.

Así que seguía escuchando y tratando de sacar sus propias conclusiones, más por distracción personal que por promocionarse en su entorno.





domingo, 1 de diciembre de 2013

Biblioteca

                                                            Firmin personaje de Sam Savage



Le pareció una estancia inmensa, todas las paredes, del suelo hasta el techo, estaban ocupadas por estanterías con libros, de toda forma y color, de todo tipo de lecturas, con todos los autores inimaginables.

Entrar ahí producía un sobresalto importante, era algo más que entrar en un templo, se parecía un poco a estar en un camposanto, pero más recogido.

De algún modo notabas que todo el saber estaba allí, cualquier anotación por pequeña que fuera estaba. Los grandes pensamientos, reflexiones, discursos, arengas....

Su peso, junto con ese olor, cerrado, de mil tintas mezcladas en textos de diferentes orígenes, a papeles perdidos y reencontrados, tras inacabables viajes, lo notabas sobre la espalda.

Una luz mortecina entraba por una claraboya, en el centro de la cúpula del techo, decorado con palabras pintadas, listas para ser usadas en nuevos libros.

En el centro de la estancia, justo debajo, una mesa de considerables proporciones, con  sus correspondientes lámparas de pantallas verdes, esperaba a las consabidas ratas de biblioteca.

En aquella atmósfera, a parte del polvo, se respiraba un cierto aire de formalidad, de estar rodeado de grandes citas históricas, ahí no se podía banalizar.

Al principio te sorprendía un poco, pero viendo lo solícitos y eficaces que eran, los aceptabas como lo más normal del mundo.

Con sus minusculas gafillas y ese aire tan tierno a dibujo animado, te traían los libros solicitados, en un carrito, según tamaño, el porteador era uno o varios.

Cómo los carritos tenían ruedas de goma blanda, desplazándose sobre una especie de canalillos de madera, no producían ningún ruido, ellos además eran muy circunspectos.

De aquella sala se pasaba a otra exactamente igual, atendida del mismo modo, y variando en su contenido, y así de sala en sala, en solución de continuidad sin fin, era un paraiso para bibliófilos.

Hizo su solicitud, poniendo dentro de una cápsula, la palabra de busqueda, y por un conducto neumático llegó a su destino, y en poco tiempo su pedido fue atendido.

Al no poderse hablar ni producir ruidos de ninguna clase una simple inclinación de cabeza era toda la muestra de agradecimiento aceptada.

Realmente Firmin había hecho escuela, y sus muchos seguidores se complacían en disfrutar de un lugar único y ayudar en él.





miércoles, 27 de noviembre de 2013

Sorpresa al alba







Amanecía con esa luz lechosa de un día con nubes bajas, el comisario paso entre los curiosos, cuando  unos agentes uniformados levantaron la cinta que delimitaba el perímetro de protección,  al área del crimen.

Se encontró con el forense inspeccionando la victima y a los inspectores esperando su primer dictamen  y también la presencia del juez, para proceder al levantamiento del cadáver.

La silueta perfilada del cuerpo, para determinar donde estaba, cuando lo sacaran, le daba un aire americanizado al crimen.

Tapada con una manta de mudanzas, basta, oscura, deshilachada,  que le daba un aspecto cutre,  muy acorde con el barrio, que se quería recuperar, con establecimientos dedicados a las últimas tendencias en moda, decoración, salas de arte.

Sólo sus brillantes zapatos de charol, que asomaban por debajo de la manta, delataban una cierta clase, de la dama yacente.

Impresionaba la indiferencia ante la tragedia de todos los presentes, profesionales avezados para los cuales sólo era un caso más.

Como fuera de campo, en un escenario secundario, donde estaban los coches oficiales, una agente tomaba nota de las declaraciones de un testigo ciego, que fue el encontró el cuerpo, mejor digamos tropezó con el.

El comisario se acerco hasta ellos y les pidió que le relataran otra vez los hechos, con todos los detalles posibles, omitió la frase, por banales que parezcan.

Saúl, les contó que siempre se pasaba por una tienda de verduras ecológicas, que dada la alta caducidad de sus productos, le daban lo que no estaba apto para la venta.

Se lo preparaba en un cuarto que había en unos bajos, un almacén para guardaban muebles y artículos viejos, en donde le dejaban pasar la noche.

Recordó como oyó unos pasos apresurados de mujer, aparentemente sola, como luego, sin motivo aparente, se puso a gritar, pues no le pareció que discutiera con nadie.

No solían adentrarse  por el pasaje, era peatonal y aparentemente no parecía tener salida, pues de frente se veía un edificio, y la salida era en angulo recto. Aunque lo habían arreglado hacía relativamente poco, lo inauguró el alcalde saliente, cuando quería recuperar los votos perdidos del barrio, por la dejadez del concejal de su equipo de gobierno, responsable del mismo.

Estaba poco iluminado, por lo de evitar la contaminación lumínica y esas cosas, y con árboles demasiado grandes para el tamaño de la calle, en suma de noche daba miedo y sólo lo usaban los vecinos que sabían el atajo que era.

Cuando se dirigió hacia la mujer, orientándose por sus gritos dijo, que de golpe se hizo un silencio sepulcral, sin haber oído ninguna señal de pelea, ni de caer un cuerpo, ni nadie alejándose.

Dada la hora, y su apestoso aliento alcohólico, sus declaraciones, se pusieron inmediatamente en entredicho,
cómo podía estar seguro de que no hubiera nadie más en la escena del crimen, si apenas se mantenía en pie.

Al comisario le pareció todo un tanto curioso, un negro, ciego, testigo de un crimen, cuya victima, una mujer blanca, relativamente joven, no aparentaba más de treinta y cinco, atractiva, a la cual no parecía que le faltase nada, parte del contenido del bolso estaba por el suelo, con la ropa intacta, menos el agujero sanguinolento en el pecho, las medias rotas y un abrigo rasgado.

Siempre podía decirse que le podían haber quitado un maletín o un porta documentos, alguna cosa así, pero parecía mas venir de una fiesta, por el modo en cómo iba vestida.

No parecía una agresión de carácter sexual, quizás un  intento de robo, también podía ser una venganza, un ajuste de cuentas, pero a una mujer no parecía probable.

El hecho de qué gritara a alguien, podía ser que increpase a un conocido,  un crimen pasional tal vez. pero no solían ser tan limpios.

El comisario se quedo contemplando el blanco bastón ensangrentado de Saúl, cuando éste se alejaba hacia su cuartucho, tras darlo las autoridades por no apto para declarar, movía el basto haciendo arcos , de un lado hacia otro, del derecho y del revés, rozando el suelo.

Con lo cual, al tropezar con el cuerpo tendido, tenía que haberse parado, e inclinado hacia el suelo para saber que era una mujer muerta.

No le habría pasado por encima y tampoco le había clavado el bastón, que estaba manchado de sangre,.inmediatamente ordenó a uno de sus hombres, que fuera otra vez por él.

Evidentemente, ya no estaba.









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martes, 26 de noviembre de 2013

OSCURIDAD



                                                                  Farola de Internet



Salió de la boca del metro apresurada, a unas horas que era noche cerrada y con las calles muy poco concurridas.

Torció por una bocacalle adentrándose en un callejón muy mal iluminado, sus pasos resonaban en el silencio espeso de una noche fría.

Caminaba por el centro de la calzada, para evitarse sobresaltos por si alguien salía de algún sombrío portal de aquel barrio antiguo.

Sin decir que tuviera miedo, si le producía un cierto respeto andar por aquellas calles, en momentos tan poco transitados.

Las farolas estaban muy espaciadas, produciendo una luz mortecina, amarillenta, que justo alcanzaba a un par de metros a su alrededor, dejando una zona oscura entre ellas.

Tenía la vista al frente, los oídos prestos, atendiendo cualquier ruido o variación de luz, susceptible de producir cualquier acto sospechoso.

A pesar de todas sus precauciones, no se percató de la siniestra mirada de unos ojos turbios, que la observaban con delectación, como una pantera ante su próxima victima.

El ruido que produjo el seguro de la navaja, produjo en ella una reacción, erizando los pelos de la nuca, acelerando su ritmo cardíaco y provocando, pese a la fresca temperatura nocturna, que unas gotas de sudor le resbalaran por la frente.

Entre farola y farola, unos arboles  frondosos, estaban intercalados, haciendo fácil la ocultación, de alguien con ganas de no ser visto.

Ella, cual gacela descubierta en una sabana despejada, sin posibilidad de huida, y que se dedica a saltar para mostrar su agilidad que le permitirá esquivar a su depredador, se dispone a preparar una salida a su desesperación.

Es consciente de que sólo le queda continuar, acelerar el paso, e intentar salir del callejón para desembocar a la avenida, con la posibilidad de qué su mayor tráfico, le de una cobertura de salvación.

Tiene la edad justa, para entender lo que le puede suceder, la forma de intentar evitarlo, y la experiencia de no perder los nervios en el peor momento para ello.

Pero la angustia no se la quita nadie, clavando sus tacones de aguja, presurosa y escuchando el ruido  de sus medias al rozar las piernas entre si, se va acercando, de farola en farola, a su destino.

En estos momentos lamenta su fogosidad de carácter, que le hizo rechazar la posibilidad de ser acompañada, prefiriendo tras la discusión, mostrarse totalmente independiente.

Ahora, en su huida, un tanto aterrorizada, todo lo anterior le parecía una banalidad, la discusión en si, y el hecho de haber salido en plan desairada del restaurante.

Ensimismada y enfurruñada, no se percato de un cambio en el pavimento, torciéndose un tobillo, cayendo con tal ímpetu, que al intentar amortiguar el golpe, sacando el bolso por delante, este se le abrió, esparciendo parte de su contenido.

Romperse las medias por las rodillas fue lo de menos, mancharse con el agua sucia tampoco le gustó mucho, rasgarse un lateral del abrigo de cuero negro extra largo, tampoco le ilusiono, pero ver sus cosas, el teléfono, las pastillas, el pañuelo, su agenda, la barra pintalabios, el set de maquillaje, un peine....

Se levanto enfurecida, dispuesta a plantar cara a su escondido adversario, ya no podía correr, pero encontrar su abre cartas fetiche le daba el coraje necesario para increpar, gritar y maldecir, a la sombra, que le estaba acosando.

Cuando Saúl oyó los gritos, miro sin ver, hacía la salida del callejón, guardándose la navaja, con la que se había pelado una naranja, obsequio de la frutera de la esquina, cuando pasó por delante y estaba cerrando.

Cogió su bastón blanco, y preguntó con voz alta y clara, si necesitaba ayuda, disponiéndose a ir hacia los gritos de una mujer desesperada.


sábado, 23 de noviembre de 2013

Cena de compañeros



                                                             Imagen obtenida de internet

Tenía que ser una cena especial, un encuentro con las compañeras recién  despedidas, pero por avatares de la vida, se fue desinflando en cuanto a su concurrencia, empezando y finalizando, por las homenajeadas.

Así y todo,la cena se llevó a cabo, y los participantes tuvimos la oportunidad de contar con la presencia incluso, de una antigua compañera, ausente de la empresa por voluntad propia.

Evidentemente, en la conversación el tema principal, fue ocurrentemente el susodicho despido, las causas objetivas y subjetivas del mismo, la marcha de la empresa a nivel económico, de resultados y de los posibles objetivos, cumplidos o no.

Dada la diferencia de ámbitos en la que participábamos  en la misma, la escasa o nula responsabilidad, en la ayuda en la toma de decisiones tan drásticas, las criticas se elevaron a las cabezas pensantes del barco y a su capacidad, manifiestamente discutida, de llevarlo por el buen rumbo a puerto.

Siendo conscientes, en base a la mayor o menor experiencia acumulada, que ello no es fácil, ni cómodo, ni oportuno, pues las decisiones hay que saber tomarlas en un tiempo determinado, antes de sus efectos se echen a perder.

Con los estómagos satisfechos, en la hora del epílogo, las anécdotas divertidas, los momentos jocosos, las situaciones superadas, las tristes despedidas, las presentaciones de novedades, tratadas por los concurrentes, desató unas risas contagiosas, que nos unían en nuestra travesía.

El peso de los ausentes no impidió, un repaso generalizado de todos los departamentos, con lo mejor de cada uno de ellos, que era mucho y variado.

Lo qué siempre me ha quedado claro, es que en una barca de remos, si un remero falla, se le sustituye, pero si se quitan efectivos, se tardará más en llegar a meta y no se ganará seguro.

Hemos de tener claro que si un elemento, no era el adecuado, o no era necesario para para la travesía, el encargado de la selección ha fallado en ella.

Está visto que si el ritmo, o el rumbo a seguir, impuesto por el patrón, no es el adecuado, las opciones de ganar, también se desvanecen.

En cualquier actividad, llevada a cabo por equipos, ya sean de carácter cultural, deportivo, político, social o de trabajo, la actuación del líder es fundamental.

Ha de cargarse el grupo y conducirlo, motivarlo y sacar lo mejor de su gente, la responsabilidad es suya los méritos se los adjudican, pero si no es así, los deméritos también.

El preocuparse en tener siempre la razón, imponerse en función del cargo ostentado, en nada beneficia a la buena marcha de una empresa.

Impide el flujo de ideas, el aprovechar convenientemente la información obtenida, de todos los colaboradores y la inmersión de estos en el proyecto.

Pero vendrán otros días, nos encontraremos ante la maquina expendedora del café, comentaremos a vuela pluma, los últimos rumores, y seguiremos cumpliendo.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Atrapados en la red

                                                            foto obtenida de internet
   



Con una ilusión renovada día a día, se fue introduciendo lentamente, sin desfallecer, en el inmenso mundo de la red de redes.
Saber que todo lo que buscaba estaba en internet le subyugaba. Datos de todo tipo, empresas, estadísticas, deportes, música, cine, televisión, un mundo maravilloso al alcance de la mano.

Dada su afición por la novela negra, la ficción gansteril, y demás temas de los libros de misterio, crímenes, asesinatos y policiales varios, enseguida encontró un foro para poder intercambiar opiniones sobre diversos autores clásicos y los que se imponían en el momento actual, prioritariamente nórdicos.

En estas conversaciones, la mayoría eran o se suponía que eran, hombres, siendo la presencia femenina muy parca, aunque se hacían notar con sus disparatadas opiniones sobre los hechos luctuosos de las novelas y el sufrimiento de sus protagonistas.

Mezclando la ficción leída con la realidad soñada, empezó a dedicar más tiempo a una tertuliana, que le parecía lo suficiente madura cómo para tener una experiencia de la vida, que le hiciera aceptable su presencia, dado que no se hacía muchas ilusiones de ser una persona excesivamente sociable y cautivadora para ellas.

Aún así, se fue animando a medida que sus intervenciones eran cada vez más seguidas y aplaudidas por un publico femenino fiel, y de una forma un tanto disparatada, participativa en todo lo que iba expresando.
Ante eso, se fue haciendo ilusiones de ser una persona deseada, pensando en dejarse conocer por dicha mujer, para sondear que grado de realidad podían tener sus ilusiones donjuanescas.

Fue así, cómo se encontró, una tarde de otoño, en una céntrica plaza de la capital, sólo concurrida por turistas y carteristas, sentado en la terraza de un bar, con un libro dispuesto sobre la mesa en plan reclamo para su futura presa.

A veces cuando la economía menguaba, a María se le agudizaba el ingenio, para aprovisionarse de recursos, de una forma poco ortodoxa pero eficaz.

Había encontrado en la red, una forma sibilina de atrapar incautos machotes, con deseos de ligar, que tras unas sesiones de charla cada vez más intimista, deseaban conocerla de una forma apasionada, esperando verla caer rendida en sus viriles brazos, esperando que ella fuera  incapaz de negarles nada.

En éstas estaba, en tratos con un apasionado lector de noveluchos  de serie b, seguramente detective aficionado, impregnado del espíritu de Marlowe, rebozado por la nieve nórdica.

Con sus habilidades lingüísticas, le había hecho creer, que tenía una novela en ciernes, de alto voltaje criminalistico, el cual necesitaba de sus consejos para darle el toque profesional adecuado, y ya de paso le pediría un dinerillo para su publicación, que sería un éxito rotundo, dada la aceptación de ese tipo de libros.

Quedaron en verse en una concurrido establecimiento del centro, al cual iría llevando una novela, de una conocida autora americana afincada en Italia, él por su parte quedó en ir con un libro de un conocido autor nórdico, muy prolífico.

Se vistió para la ocasión, se puso un traje chaqueta que le realzaba su figura gracias a una falda tubo ajustadita y con una blusa entreabierta para lucir un collar de perlas naturales grises, aposentadas en un incipiente escote perturbador.

Cuando llegó, con tiempo suficiente, lo vio sentado en una esquina de la terraza, como dispuesto a salir corriendo, si no le gustaba la partenaire.

Lo estuvo estudiando desde lejos, sin que él pudiese verla, le gustó, se veía un tipo de provincias arreglado, sin estridencias modernas ni cantadas paletas, parecía un profesor de instituto, interventor bancario o delegado comercial de zona.

No podría sacarle mucho, sería de esos desconfiados de pueblo, además con recursos limitados, la ropa estaba correcta pero nada de marca, los zapatos no estaban lustrados y tenían los tacones muy gastados.

Pero se podía intentar, seguro que con un par de insinuaciones correctas, sin entrar a trapo, se ofrecería a solucionarle la vida, parecía buena persona.

Decididamente no iría con traje, se pondría cómodo pero informal, con ropa usada y poco conocida, nada de rabiosa actualidad, cuanto más anodino mejor, zapatos usados, que lo viera como una persona justa de recursos, pero sin problemas.
Pidió un té verde, eso siempre queda bien a media tarde, lo del café es más vulgar, a si le daba un toque diferente a su presencia.

Enseguida la vio llegar, como entraba en el local y desde la barra le iba echando miradas furtivas, para calibrar sus valores, se hizo el tonto en todo momento, e incluso se hizo pasar por un tipo nerviosos ante una cita a ciegas.

Jugo con el foulard, quitándoselo y volviéndoselo a poner, con calculados gestos de espía, para mirarla con todo descaro sin que ella pareciera enterarse.

Después de estos juegos, ella salió del local y dando un rodeo, hizo cómo si viniese de la calle, parándose ante la mesa con una sonrisa amable y un :
¡ Hola que tal! Eres Pedro.
Sí y tu María no?
Claro! jajaja!

Se dieron unos protocolarios besos en ambas mejillas, en las que apenas se rozaron, quedándose en el aire.

No entendía la manía del besuqueo, pero ahora lo hacían hasta entre hombres, lo cual evitaba alargando la mano con mucha antelación, creando una barrera protectora.

Entre risas nerviosas, y miradas sorpresivas, se dedicaron a explicarse la parte de sus vidas qué no les importaba dar a conocer, aunque en ambos casos, fuera de una manera sutilmente escenificada, para obtener su gramo de ventaja para sus aspiraciones del encuentro.

Ella, mucho más habituada  a las estancias en cafeterías de la gran ciudad, le sorprendió pidiendo un chocolate con churros, lo cual parecía no pegar con su aspecto de señora seductora, que le había etiquetado de entrada.

Pensó que haciéndose un poco de pata la llana, rompería mejor el hielo del encuentro y lo descolocaría un poco, cómo así pudo entrever enseguida.

Comentaros sobre los libros qué llevaban cada uno, y de los gustos en particular de cada uno, él no se atrevió a decirle, que sólo había mirado la contraportada con la reseña y el resumen promocional de la editorial, pero bueno tampoco iba a examinarse.

Al cabo de un rato de cháchara intrascendente y de comentar las intervenciones en el foro de otros personajes a cual más friki.

Empezaron a sincerarse y romper la cáscara de su personalidad hablando de ideologías políticas y dogmas religiosos en los que unánimemente no comulgaban, estaban encantados con el comportamiento de las autoridades en sus respectivas comunidades, donde los actos de corrupción era nimiedades infladas por la prensa, en un afán de vender noticias donde no las había.

Al estar cerca del Congreso de los diputados, se permitieron opinar sobre la marcha de la economía y lo bien que estaban tratando el tema de la crisis, el gobierno actual, todo ello sin asomo de rubor alguno.

En esto él le comentó que quería pasarse por el hotel, que tenían muy cerca andando, para confirmar su reserva y ver si le habían dejado algún recado, soltándolo así tal cual, sin cortarse
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Ella pensó que ya le iba bien, siempre y cuando pudiera pasar lo más desapercibida posible, comprobó el sobrecito del bolsillo, y se dispuso para acompañarlo.

Fue así como los dos cogidos del brazo, como una pareja madura, intercambiando confidencias, él con su mochila al hombro y ella con su Gucci, donde se suponía estaba el borrador de su gran novela.

De este modo accedieron al establecimiento, donde pagó con tarjeta y recogió un sobre que le habían dejado los compañeros de la central, cunado se dirigió hacia ella, que hábilmente se había quedado fuera del foco de los recepcionistas,  para decirle que subía a dejar la mochila, ella tras comprobar en un rápido vistazo, que nadie se había fijado en su presencia se prestó rápida en acompañarlo.

Una vez en la habitación le comentó que era mejor darle un vistazo a su novela en aquel momento, mientras tomaban una copa, le dijo que le encantaba contemplar y probar los botellines del bar.
El estuvo de acuerdo y se excusó para ir al baño, momento que ella aprovechó para vaciar el contenido de el sobrecillo en un vaso al que añadió una buena dosis whisky con hielo.

Cuando Pedro apareció, con la cara refrescada y peinadito le agradeció el gesto y le propuso hacer un combinado, su especialidad muy apreciada por sus amigos, en realidad consistían en dos compañeros de trabajo, que en momentos desesperados, eran capaces de beberse una botella de colonia de las de litro.

El también aprovechó el momento de la preparación, para ponerle en el azúcar que recubría el borde, una buena dosis, para una mujer de peso mediano, de unos polvos mágicos, que hacía maravillas, se lo habían jurado, en la voluntad de las víctimas.

Cuando brindaron y bebieron con fruición de sus respectivos brebajes, la cara de ambos se les fue transformando, ella con visión nebulosa, vio cómo él empezaba a desmoronarse, quizás se había pasado en la dosis, agarrándose a ella se fue deslizando hacia el suelo, llevándose la falda con él.

Ella sin fuerzas por retenerlo, con los brazos vencidos, la cabeza encorchada, le rompió la camisa, en un esfuerzo inútil por evitar el desastre.

El totalmente inerte, agarrado a unas faldas cómo si le fuera la vida en ello, con el pecho descubierto, babeando en el suelo y farfullando en un intento de pedir auxilio.

María, desmoronada en el suelo, acogida por la mullida moqueta, con las faldas en los tobillos, mostrando sus enfundadas piernas, en unas oscuras medias, sujetas por un liguero negro seductor, de esos que llevan a la pasión más encendida.

Caída desmayadamente hacia atrás, mostraba toda la belleza de su cuerpo, teniendo  un balbuciente hombrecillo, rendido a sus pies.

Así fue cómo los encontraron las chicas del servicio de habitaciones, cuando fueron a abrir las camas, y asustadas, llamaron a la gobernanta, no sin antes ver si podían obtener algo interesante de aquella pareja de drogotas.








sábado, 9 de noviembre de 2013

Dama de noche

                                                                         Studebaker



A veces al salir de noche, para ir al cine o a cenar con los amigos, lo veía aparcado frente a la casa, era un coche imponente, antiguo pero en impecable estado, brillante, sin ni una mota de polvo, con su chófer esperando, ante la puerta trasera para abrirla, en cuanto el vecino a quién venía a recoger, apareciese saliendo por el portal.

Aveces, no siempre, una bella señorita, preciosamente ataviada y evidentemente de muy buen ver, esperaba dentro del coche la presencia del susodicho señor.

Este hacía su aparición, siempre impecable, con su sombrero de fieltro y su foulard a juego, efectuaba una ligera inclinación de cabeza, en señal de agradecimiento, cuando le habrían la puerta de coche y se introducía en su interior, aprobando también la compañía del interior.

Creo recordar, que ésta, no solía ser nunca la misma, en estas acciones, solía ser la única variable del terceto, muy tradicional por lo demás.

Parecía como si solo a mi le curioseara, y para los demás, vecinos y familiares, lo dieran por algo de lo más normal.

Quizás mi extrema juventud, contra la senectud del protagonista de aquellas noches, ne hacía dar al hecho una importancia, que en si no tenía.

Pero siempre aprecie en las señoritas en cuestión una mirada triste muy poco acorde con el hecho de ir a una posible fiesta.

En alguna ocasión habíamos coincidido al regreso de nuestras salidas nocturnas, de diferente índole cada una, los dos solos, dedicándonos un discreto, buenas noches, mientras subíamos en el ascensor, detectaba una sutil mezcla de perfume femenino maridado con su varonil colonia, hasta la misma planta.

Ni que decir tiene, que cuando el ímprobo prohombre de la burguesía, qué el domingo por la mañana, repetía la acción de ser recogido, esta vez para ir a la iglesia, a misa de doce, no le acompañaba nadie.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Zapatos de ante azul





A veces, a pesar de la precaria economía doméstica, y aprovechando las consabidas épocas de rebajas, que ventas obligan, hacen que sus campañas de una u otra forma, cada  vez duren más.
Aprovecho para entrar, en locales comerciales de esos que te ofrecen la posibilidad de mirar y remirar, sin que te salte nadie al cuello, para darte la paliza, con el ¿Le puedo ayudar en algo? Quedándose a tu lado, con lo qué dejas de interesarte por nada y te vas a otra parte.
Soy poco sociable, y no es cosa de la edad, es simplemente una característica de auto defensa, desarrollada desde pequeño, cuando vi qué en el gregarismo, suele destacar el más alto y fuerte, no el más válido.
En esto, estaba como digo en un local de una conocida firma, extendida en todo el territorio nacional actual y parte del extranjero, vaya uno de esos embajadores, qué si hacen destacar nuestro país y ponerlo por bandera en algo concreto y tangible.
Perdón por la supuesta discreción mía, digamos simplemente qué es una cadena con una implantación comercial importante y sus productos suelen atraer la atención de mucha gente, del mio a veces, los gustos mayoritarios no suelen ser preferencia de los individualistas.
Paseando ante sus expositores, mirando, tocando, oliendo, entre miles de prendas a cual más dificil de definir, supongo que de un exquisito diseño actual, los ví!
Eran unos zapatos, cosa rara dado que la firma en cuestión está centrada en el diseño, producción, logística y venta de ropa, con algo de complementos y poca cosa en zapatera.
Estaban ante mi, en unos bajos de un expositor, algo hizo que me fijase en ellos, supongo que me  silbaron,
de alguna forma, un poder atrayente me obligó a cogerlos, eran unos llamativos mocasines azules, dada mi edad y mi probada característica vestuaria, que no suele destacar por llamativa, sino mas bien por discreta,
era un acto de rebeldía institucional que tan siquiera me los mirase y perdiese el tiempo con ellos en mis manos.
Pero la vida tiene esos golpes de efecto, un día te ves mirando unos aparatosos zapatos de ante azul, qué encima están a un precio razonable, contemplando la posibilidad de probártelos y qué te lo están pidiendo a gritos.
Y uno se los prueba, admira lo bien que se siente con ellos puestos, contempla su bella estampa ante el espejo del probador, y sin ser ni moderno ni gay, dada las características generacionales, se va  a la fila de caja con los zapatos acomodados en el regazo, cual felino acomodándose en su  nuevo dueño
Ni que decir tiene, que busque la aprobación a mi compra, enseñándola a una amiga, cuya espera hizo que entrase a mirar la tienda, para obtener un aprobado, de esos que definen la relación calidad precio  es correcta, el gusto es cosa tuya, y a tu edad te puedes dar algún capricho.
Ahora, que nos hemos hecho amigos y me sacan a pasear por mi nuevo barrio, de una forma cómoda y ágil. sólo tengo el problemilla de qué me hace ir deprisa cuando pasamos por delante de una zapatería

viernes, 1 de noviembre de 2013

Un libro con personalidad




Cuando entré en la librería, el silencio sepulcral me indicó la poca afluencia de gente, no se veía un alma, y una persona reclinada en un mostrador leyendo un periódico, contestó a la tercera vez que fue interpelada, con un breve buenos días de respuesta. Indicándome con un vago gesto que podía entrar a chafardear lo que quisiese.
Me dediqué, adentrándome por sus pasillos, a mirar las estanterías repletas, que con un polvo blanquecino, delataban el tiempo que no se había mirado ningún libro, aunque la verdad es que en un primer vistazo, no vi nada que me interesara lo suficiente cómo para hacer el gesto de cogerlo para ojearlo.
Mientras seguía con mis pesquisas en busca de algo realmente interesante, un descubrimiento de esos que justifican la búsqueda, encontré un ejemplar en el suelo, en medio del pasillo, evidentemente lo cogí y busqué si había algún hueco donde faltará su presencia.
Era de Edgar Allan Poe, y no me interesaba lo más mínimo, los relatos fantasiosos y enigmáticos de sus obras no me atraían en absoluto, a pesar de aceptar que tenía que ser un reputado escrito admirado por legiones de lectores de todos los confines humanos.
Al no encontrar el hueco adecuado para retornarlo a una estantería lo deje encima de una alacena, donde quedo con su portada y su título muy a la vista, se trataba de "El demonio de la perversión"
Ya con el titulo tenía bastante, no podía interesarme en absoluto, así que lo dejé y seguí con mi búsqueda del ejemplar único y sorprendente que quería encontrar, para leer en la tranquilidad de mi casa.
Últimamente me costaba dormir y antes de entrar en la dependencia de productos sedantes para ayudarme a dormir, el leer me producía una sensación de paz y bienestar, que me sosegaba y permitía el trance hacia el sueño más  fácilmente.
Estaba algo nervioso pues mi bienestar social, gozo de una situación privilegiada, gracias a lo que me dejo un tío soltero, hermano pequeño de mi madre, que se fue a hacer las américas, y no se volvió a saber nunca más de él.
Siempre se comentó  que estaba metido en contrabando, pero que al final la salía más rentable hundir el barco y cobrar del seguro, que arriesgarse a descargar la mercancía.
Así haciendo navegar autenticas ruinas marítimas se consolidó un futuro muy prometedor,  hasta  que se dijo que había desaparecido en una de estos accidentes.
Lo  cierto es, que no tuve noticia de su existencia,  hasta que siendo muy mayor dio conmigo y me ofreció acogerme en su casa. Había tenido una vida muy azarosa y quería reconciliarse con la familia, pensaba dedicar su fortuna en crear una fundación en su palacete modernista en la parte alta de la ciudad.
La lástima para él, fue saber que sólo le quedaba un único pariente cercano que era yo, nunca se había casado, según me dijo, no tenía tiempo para ello y cuando se lo podía plantear, se encontró demasiado mayor para poder soportar una relación matrimonial, se había eso sí, apañado con una buena colección de amantes, que le habían facilitado el no sentirse sólo, y pasar un rato divertido.
Ni qué decir tiene que rápidamente me apunté a su idea y me trasladé con mi maleta, abandonando el piso en el barrio marginal donde vivía, después de perder mi plaza de maestro en una escuela de mala muerte.
Me quedé sorprendido de que yo pudiera un día vivir en un sitio de aquellas características, pues no dejaba de ser un museo privado, pues aparte del edificio, evidentemente catalogado, este estaba lleno de obras de arte, de un valor incalculable.
Mi tío sólo llevaba unos meses instalado, y la casa todavía desprendía el tufillo propia de la humedad en las casas cerradas durante mucho tiempo, él siempre había vivido en Suiza, desde donde controlaba sus inversiones.
En la casa, aparte de él, estaba una ama de llaves, lo suficientemente mayor para no despertar  la libido de mi tío  y una doncella, convenientemente aleccionada por su superiora para que no se quedase a solas con el amo, que se ocupaban de todo, y en una casa externa ubicada al lado de la entrada principal estaba el portero jardinero y hombre para todo, que se había ocupado de mantener la propiedad en cierto estado, que no demostrara abandono.
El chófer venía puntualmente a las nueve de la mañana y dejaba el coche, en impecable estado, en el jardín, delante de la puerta principal, a disposición de atender las órdenes que le dieran.
Con el paso de los días, pensar en la pérdida para mi persona, de todo aquello y quedarme con una misera asignación, se me fue haciendo insoportable, con lo que, digamos aceleré el curso de los acontecimientos en cuanto a los achaques de mi tío, antes de que llevase adelante sus planes y cómo pariente más cercano y único, me quede con todo.
Y aquí estaba ahora buscando un libro, en el qué entretener mis horas, antes de dormir. Cuando al pasar otra vez vi el libro otra vez en suelo, pensé que alguien le tenía manía y mostraba su disconformidad lanzándolo al suelo, una y otra vez.
Al final lo cogí y se lo dí al tipo del mostrador, el cual me dijo, que daba igual, siempre estaba por el suelo, daba lo mimo donde lo pusiera ni cuando, al día siguiente al abrir se lo encontraba en el suelo.
Me puse a reír y le dije que eso era imposible, vale pues lléveselo, ya me lo traerá cuando se canse de recogerlo, y me lo puso en una bolsa de papel reciclable, alargándomelo de forma imperativa.
Acepte el desafió, lo cogí y me lo lleve a casa, lo deje en la mesilla de noche, cuando subí a la habitación después de cenar, estaba en el suelo, lo puse otra vez  y me fui al baño , cuando regresé estaba en el suelo.
Me fui a la habitación de Lola, la doncella para todo que realmente era doncella, antes de conocerme claro, y hacía de todo, tenía que agradecerle el pastel de almendras con nata que hizo para el viejo goloso, con su ración de cianuro correspondiente, que le sentó tan mal al pobre que lo llevó a la tumba.
Ella no estaba al corriente de nada, era muy buena y acepto mis polvos como levadura química sin rechistar, era muy cariñosa y me complacía en todo, eso no era óbice para que no tuviera que pensar en un plan para que atará cabos y tuviera que prescindir de sus servicios.
cuando regresé a mi suntuosa habitación tipo suite, el libro yacía en el suelo, realmente era pesadito  en lo suyo, al final lo cogí, y empecé a leerlo, eso me perdió, su argumento me inquieto, ese libro sabía mis acciones, era una señal, su forma de presentarse ante mi, llegué a pensar que el espíritu de mi tío tenía algo que ver con el.
Cogí el magnifico ejemplar y lo puse encima de mi escritorio, con una bola pisapapeles de esas que muestran un pueblecito, en el que nieva cuando la agitas, era de cristal autentico y pesaba un montón.
Cuando me levante al amanecer para ir al baño, lo pise al salir de la cama, un sudor frío recorrió mi espalda, ahora no sabía que hacer, bueno si lo cogí y lo llevé a la chimenea de la sala principal, encendí el fuego y cuando estaba en su apogeo deposité el libro y vi como se arqueaban sus hojas protestando por el calor , que las estaba desfigurando.
Me tome una copa de calvados, y regresé a mi habitación, no sin escuchar si alguien de la casa estaba observando, al no ser así, me fui tranquilamente para arriba, intentando no pensar más en el maldito libro.
Dormí hasta más tarde de lo habitual, el sol me daba en plena cara, Lola debía de haber entrado y abierto las persianas, me incorporé y me puse las zapatillas, entre en el baño y ahí estaba, en el plato de la ducha, mojado totalmente y requemado, pero con toda su estructura todavía intacta, me quede atónito, caí de rodillas y me puse a balbucear, a aporrear, a patalear, hasta que vino el portero y me sacó.
Lola tiro el libro a la basura, pero volvió, el chófer se lo llevó a un contenedor, pero volvió, la ama de llaves lo tiro por la alcantarilla,  pero volvió, el portero lo llevó a una empresa que trituraba archivos y se estropeó la maquina, se lo quedaron para hacerlo más tarde, pero volvió.

- Comisario.
- Si Martinez.
- Tenemos un tipo abajo, que quiere hacer una confesión
-Cómo dice?
- Si, ha venido para confesar un crimen. El asesinato de un tío suyo.
- Es un tipo de pasta, no sé si ha tomado algo y quiere jugar con nosotros.
-Mantenlo un rato en la nevera, y luego bajo.
Si comisario.

viernes, 25 de octubre de 2013

Eixample




                                                    Imagen obtenida de Internet


Era un casa, de cinco plantas, en el Paseo de Gracia, en el centro de Barcelona, en pleno “eixample”,  un edificio desde cuyos balcones se podían ver los trenes que circulaban por la calle Aragón.

En un principio, todavía eran humeantes, con una estación de un estilo rococó, que tiraba de espaldas.
Luego se taparon las vías y la estación desapareció, engullida por la tierra, y derribada por la piqueta.
Era un edificio de los considerados nobles , no tenía título alguno, ni arquitecto de renombre, estos estaban cerca,  la llamada manzana de la discordia, por tener estilos antagónicos; pero no era el caso en esta.

Tenía eso si, una bonita y amplia entrada, con mucho mármol, una garita para el portero espléndida, en rica madera torneada y un ascensor muy amplio.

De unas dimensiones de las que no se han vuelto a ver, amplio, de madera labrada, asiento de terciopelo, que podías escamotear en caso necesario, un panel de mandos, con sus botones de latón dorados, abrillantados cada día con un paño de algodón, cristales con vivos colores y escenografía soñadora, una gozada en terminología actual.

Su único defecto, al parecer de los vecinos, no todos, es que sólo servía para subir, por eso era un ascensor, para abrir la puerta por fuera, se necesitaba una llave de seguridad, que tenía el portero para casos de necesidad.

En caso de necesitar,  bajar algún objeto pesado o una persona con problemas de movilidad manifiesta, se bajaba andando a buscarlo y se subía dejando la puerta abierta, para proceder según  conviniese.

Existía una única excepción, que éramos nosotros los vecinos del tercero primera, para que pudiera bajar nuestra abuela, para los vecinos, Doña Concha, pronunciado con venerado respeto.
Disponíamos de la susodicha llave, de la cual hacíamos uso en contadas ocasiones de forma restringida, para no abusar ante los demás vecinos.

Todo esto viene a cuento, después de recordar, en una conversación con una amiga, un incidente, ocurrido en uno de los usos que pretendí del ”descensor”.

Era relativamente tarde, noche subida, cuando pretendí bajar un articulo voluminoso e incomodo de llevar, había dejado previamente el coche en el chaflán, y pensaba después de cenar algo, proceder con la carga.

Baje a buscar el ascensor y comprobé qué estaba en un piso inferior parado, apreté el botón para enviarlo a portería, pero nada ni caso.

Subí a buscar la llave maestra, pensando cómo ocurría algunas veces, que alguien había dejado mal cerrada la puerta y se había quedado bloqueado por seguridad.

Hasta entonces no había notado nada extraño, pero en el silencio de la escalera, me pareció oír unos jadeos, a los que no presté mayor atención,  en el piso de debajo, donde vivía el narcisista, un abogado de pocos escrúpulos, soltero y adinerado, con infulas de belleza,  risible para los demás, era corriente oír coas parecidas por el patio.

A todo esto,  empezaba a tener una cierta prisa, y haciendo uso de la mencionada llave, abrí con ímpetu la puerta que daba acceso a la cabina.

Cuando la abrí, a través de los cristales del ascensor propiamente dicho, contemplé una pareja, en situación harto comprometida, desfrutando plenamente de sus jóvenes cuerpos, de los cuales pude apreciar un generoso seno femenino.

Exclamando un perdón circunstancial, cerré la puerta azorado, y evidentemente prescindí del traslado en aquella sorprendente  noche.

Estuve bastantes días sin volver a encontrarme, ni por la escalera, ni por el ascensor, ni por la portería siquiera, con aquella pareja que vivía en las buhardillas, donde por cierto no llegaba el ascensor , que era donde estaba la vivienda de los porteros.

Eran sus hijos , en edad de merecer, y contemple un incesto, del que sólo sabía, mediante los textos sobre los dioses griegos y sus peculiaridades.




Aromas de seducción





Mientras cenaban estaban viendo las noticias en la tele, últimamente hablaban poco, llegaban los dos muy cansados y no les apetecía prácticamente nada, y nada es nada.
Se limito en burlarse de un anunció de perfumes, en el qué, el simple paso de una hermosa mujer destilando una fragancia, convertía a los hombres en una jauría de perros babosos que obedecían sus indicaciones.
Al día siguiente se levantó pronto y se fue antes de lo habitual, sin despedirse siquiera, mientras circulaba por la ronda se fijo en un bello deportivo, con la capota bajada, conducido por una hermosa melena rubia-
Salieron por la misma salida, y entonces se percató de que llevaba la rueda trasera izquierda pinchada, le hizo luces para advertirla y cuando se fijo en él por el retrovisor le hizo gestos evidentes del percance.
Pararon en el arcén, no sabía por qué lo hizo él también, pero se ofreció a echarle una mano, siempre fue habilidoso, se quito la americana dejándola en el asiento trasero del descapotable, se arremangó y se puso maños a la obra.
En un breve tiempo se la había cambiado y estaba recibiendo su gratitud eterna, no le dio importancia, pero se sentía un caballero andante, no aceptó ninguna invitación y se limito en intercambiar sus tarjetas corporativas.
Estando en su coche camino del trabajo, un aroma dulzón surgía de su chaqueta, pero pensó que se marcharía enseguida y no le dio mayor importancia. Dejó la ventana bajada y el aire de circular lo disipó enseguida.
Cuando entró en el centro empresarial, la recepcionista le insinuó una sonrisa burlona, a la qué él no prestó atención alguna.
En el ascensor, un comercial de área, le dijo si había pasado buena noche, con un cierta chufla. Y al salir´al pasar por la zona de la maquina del café, notó unas miradas más inquisidoras de lo normal por parte del personal femenino de administración.
Ya en su despacho, notó otra vez el aroma, y colgó la americana al lado de la ventana dejándola abierta,
como a pesar de estar en pleno otoño, la temperatura era cálida, se permitió estar toda la mañana en mangas de camisa.
Cuando bajó al comedor, no había ningún jefe de sección, y comió sólo, bajo la atenta mirada del personal subalterno.
A media tarde, al salir, el aroma persistía a pesar de que se había acostumbrado, y lo notaban más las personas que le rodeaban.
Tenía que pasar por un hotel del centro, para recoger una visita importante y llevarla a una presentación, de esas inevitables, para estar en las comidillas del gremio.
Mientras esperaba, en recepción, envió un mensaje advirtiendo a su pareja, que no iría a cenar a casa y llegaría tarde.
En la espera, se encontró saliendo del ascensor una antigua compañera de la facultad, que se había ido a vivir a la capital, donde fue a verla en una ocasión, llevándose una prenda intima de recuerdo, con la promesa de volver, que no se cumplió a raíz de conocer a su actual mujer, olvidándose hasta ahora de la existencia, de tan bello recuerdo.
Sin asomo de malestar, se le acercó, besandolé en las mejillas y abrazándole, con cariño, pidiéndole inmediata información sobre su vida.
Al mismo tiempo, le sugirió que no fuera con aquel perfume tan embriagador, pues delataba mucho sus conquistas.
Azorado no se atrevió a explicarse y quedaron en verse al día siguiente para comer en el mismo hotel, y poder ponerse mejor al día, de su vidas.
Rápidamente atendió su visitante, el cual se sacó un pañuelo, con cara de pocos amigos, tapándose la nariz y comentando que le molestaban profundamente las colonias fuertes.
Se excusó como pudo, lo llevo a la sala de celebración del acto, lo presentó a unos compañeros y con una vana excusa, se retiró precipitadamente de la sala.
Cuando salió se topó con su excompañera otra vez, azorado le pregunto si era tan fuerte el perfume que llevaba, ella riendo le dijo que era cómo un reclamo andante, y mejor llevar la chaqueta a la tintorería.
Le ofreció subir a su habitación y dársela al servicio de habitaciones, en un momento se la limpiarían mientras tomaban algo.
Dicho y hecho, subieron, entregaron la americana, se tomaron unos gins, y se explicaron sus logros profesionales, olvidando mencionar sus vidas sentimentales.
Cuando le trajeron su prenda, agradecido, le prometió una invitación para más adelante, bajaron juntos, atravesando la salida riendo y cogidos del brazo.
La cara de estupefacción de su mujer, allí en la acera, agarrada al cochecito de su hijo, con los nudillos blancos, expulsando un odio in crescendo por la mirada, le dejo desarmado, intento hacer las presentaciones y recibió una sonora bofetada pública y la advertencia de que no se pasara por casa.
Su amiga le comentó mejor verse en otra ocasión, y desapareció con rapidez del escenario, viendo alejarse ambas mujeres por caminos dispares.
Mientras en una terraza, en una de las mesas, sus ocupantes  reían las ocurrencias de un publicista, sobre los anuncios de perfumes.


domingo, 20 de octubre de 2013

Poblet (El regreso)

                                              Torres de la Porta reial s, XIV (Foto del autor)

Habiendo decidido pasar un fin de semana tranquilo, en un entorno rural, alejados del bullicio de una capital ruidosa y estresada en grado máximo, hemos dirigido nuestro vehículo hacia la placidez del sur, en un entorno histórico.
Instalados en una hostería moderna, austera pero acogedora, levantada sobre lo que fue un antiguo hospital para peregrinos, contemplamos la majestuosidad de la entrada principal, del tercer recinto conventual.
En su interior, se puede observar la evolución de las distintas etapas de reformas y ampliaciones de las instalaciones, empezando por el estilo románico, pasando por el gótico y finalizando en el barroco.

                                                     Monasterio de Poblet (Foto del autor)

Hemos salido de la hostería pronto, justo cuando llegábamos al bar, que hay en el cruce de carreteras, estaban abriendo, tras un reconfortante desayuno, hemos iniciado la marcha.
Al principio por la misma carretera asfaltada, hasta llegar a un puesto informativo, donde un joven nos ha puesto al corriente de los diversos itinerarios recomendados y las dificultades de cada uno de ellos.
Escogido el más afín a nuestras condiciones físicas, iniciamos la marcha hacia una antigua cantera, a medida que ascendemos, tenemos una mejor vista del valle en el que destaca majestuoso el monasterio.
Pasamos por un antiguo pozo de nieve, de los que abastecían a la comunidad, de hielo fresco, para las necesidades de sus inmensas cocinas.
A medida que nuestros pasos no llevan más arriba, también nuestra propia música que nos acompaña, asciende de volumen, los latidos parece que nos van a hacer salir el corazón por la boca, hay que ponerse en forma.
Pero los andares no aflojan y seguimos adelante, rodeando en todo momento, cómo faro qué nos guía, el campanario del monasterio.
Levantando con nuestro caminar, el mismo polvo que levantaron las sandalias de los frailes en sus paseos meditabundos, por  las tierras que bordean el centro religioso, contemplando los viñedos.
Absortos contemplando el paisaje, hablando lo justo para no cansarnos ni distraernos de nuestras reflexiones, contemplamos las vides en todo su esplendor, perfectamente alineadas.


                                                     Vista de los viñedos (Foto del autor)

En nuestro regreso, hacemos un alto en el camino, para comer, parándonos en L' Espluga de francolí,
Donde nos quedamos a comer, descansar un poco y recuperar fuerzas para continuar nuestra singladura.
Hemos de decir, que lo menos que podíamos hacer, después de alimentarnos sobradamente, era pasear un poco para ayudar a bajar todo lo ingerido.

Aunque a la salida nos encontramos curiosidades como está.      (foto del autor)

Una vez llegados al recinto del convento, nos aprestamos a ponernos en la cola para la visita por todo el interior, menos claro esta los aposentos de los monjes y la biblioteca, que están cerrados al público.

Recorriendo el monasterio, viendo la belleza de sus salas y estancias, sus diversos estilos.
El recorrido del románico al barroco pasando por el gótico.
Enterándonos de las vicisitudes sufridas a lo largo de la vida del edificio, hasta su abandono y saqueo, a causa de la desamortización en 1835.
Posteriormente se creo un patronato, ya en el siglo XX, para su recuperación.



Actualmente esta ocupado por una treintena de monjes
que hacen vida monástica de oración y estudio.
Con una importante biblioteca entre cuyos fondos,
 se encuentra la documentación del llamado archivo
del expresident Tarradellas, con todo lo que acumuló
 en su largo exilio.
En estos lugares se respira una paz y un sosiego
especial.
El paso del tiempo parece no tener importancia,
ves las tumbas de los reyes y abades, o personas
ilustres en los suelos de las capillas, y tienen la
importancia que se derivó de sus actos en vida,
sin más boato del necesario.
Una visita a todas luces recomendable.

sábado, 5 de octubre de 2013

Gran Vía / Arenas

Citados en un centro comercial, de los que proliferan en las grandes ciudades, cómo templos sustitutivos de los tradicionales, con los mismos mercaderes ofreciendo la felicidad por unas monedas.
Nos encontramos con la misma apariencia de dos colegiales, haciendo novillos de sus obligaciones familiares, esas no escritas que te roban el tiempo de tus aficiones personales.
Pisando un suelo que en su día fue arenoso, coso de corridas taurinas, donde se sacrificaban animales, en loor de multitudes, enfervorizadas con la contemplación de la muerte y el riesgo, enalteciendo los valores de hombría de los matadores.
Cómplices de todo lo contrario, recorremos el centro buscando las fotos en que exponen la transformación producida en la plaza de toros, al pasar a su nueva dedicación.
Un siglo, totalmente documentado fotográficamente, en el que se nos explica de manera minuciosa, desde la obras iniciales de los peones con boina, hasta la remodelación actual de obreros con casco, con alzamiento del edificio incluido, en un alarde de ingeniería constructiva.
La tormenta amaina y nos invita a salir del lugar, saturado de turistas ávidos de comprar todo tipo de recuerdos, y nos dejamos llevar por la avenida, en busca de un local menos franquiciado, donde poder tomar unas tapas reconfortantes.
Hablamos, hablamos y hablamos, nos pisamos las palabras y reímos por ello, comentamos y nos criticamos, reconocemos méritos ajenos y rechazamos los propios.
La noche se nos echa encima, es tiempo de recuperar las rutinas diarias, caminamos por el paseo,siguiendo los hilos rojos que muestran las luces de los coches reflejadas en el asfalto mojado.
Contemplamos los edificios singulares, que nos permiten mostrar nuestra admiración por la belleza, en todas sus facetas.
Llega la hora de la despedida, que se alarga más allá del tiempo permitido, marcado  por los horarios de trenes.
Un abrazo sincero es poco para tan buenos momentos compartidos, pero es la moneda compartida por tenerlos, disfrutarlos y aventurar de nuevos.




                                                                   Foto de internet

sábado, 28 de septiembre de 2013

Toros, toreros, mozos y demás animales (tocata y fuga de pueblo en fiestas)

                                                                      foto de internet

Como cada verano, en el pueblo de Villa Alcurnia de abajo, están preparados para las fiestas de San Lorenzo, patrón del pueblo desde tiempos inmemoriales, aunque el maestro nunca lo había podido confirmar con exactitud, ya que ese dato no constaba en la Wikipedia.

Ahí se pueden contemplar a los mozos de varas, cómo se adentran por la dehesa, en busca de los toros elegidos para la fiesta, quienes en ese momento se hallan reunidos bajo un encinar, celebrando una asamblea.

Por lo visto no los han sindicado  en  fiestas y espectáculos, sección callejeros, y ellos reivindican saber a qué gremio pertenecen exactamente, pues luego hay dimes y diretes por las cuotas profesionales colegiales.

Andan comentando el descontento reinante, pues saben por otros que es que, amén de no saber con certeza su función festiva, además nunca les explican el final de la fiesta. Sólo saben que tienen que correr pueblo abajo hasta llegar a Alcornoques de arriba, persiguiendo a los mozos del pueblo y los forasteros, y que los distinguirán por sus pañuelos vistosos en los cuellos.

El jefe de la cuadrilla de mozos, tras escuchar a Pinto, llama al concejal de cultura del Excelentísimo Ayuntamiento, para comunicarle el hecho y decirle que habrá un notable retraso en la recogida de una manada adecuada, por lo que le anima a notificar a los músicos de la banda municipal, que preparen más repertorio de temas para la jornada.

El susodicho le conmina a venir de inmediato y dejarse de monsergas,  que los mozos ya llevan un rato acudiendo a la plaza de salida, y están acabando con las provisiones de cazalla.

El capataz se saca la boina, dice sí señor,  se guarda el teléfono de última generación, maldice al señorito de turno, y les dice a los compañeros, que arreando qué es gerundio, como oyera una vez a su padre, y le gustó.

Así que sin escuchar más alegatos ni preguntas de los astados, abren el camión, e invitan a los toros a ir subiendo empujándoles con las picas. Los susodichos empiezan a protestar, a decir que eso no son modales y que no se tienen en cuenta sus derechos. Que con un palo en la mano todos son valientes.

El traqueteo del camión hace vomitar al zahíno, y todos le recriminan ser tan tragaldabas de buena mañana. Cuando llegan a un cruce, con el resbalón de Pinto sobre la madera, la puerta trasera del camión queda abierta.

Pinto, no se lo piensa, dice a los cinco compañeros: pies para qué os quiero, vámonos camaradas. Ya sabe que sin rampa la bajada no será cómoda, y que han de ser rápidos y sobre todo sigilosos,

En esto unas espabiladas vacas, amigas y conocidas del lugar, viendo un camión abierto con tan bella carga, optan por empujar unas balas de paja hasta la trasera del vehículo para facilitar el descenso sin merma de las facultades físicas de los fugados.

Así, con el morro, va animando a bajar a todos, bajando Pinto el último y cuando con el asta cierra la compuerta del camión, sabiéndose libres de nuevo, se esconden en la caseta de labranza de una era cercana, quedando en silencio hasta ver lejos el destartalado y ahora vacío camión de marras.

Cuando el armatoste llega a destino, los miembros de la comisión de cultura están sobre ascuas, la televisión local tenía prevista una conexión, la cual había conseguido en concejal para hacer méritos y promocionar al sr. Alcalde.
La cara de asombro y enojo fue monumental. Se pidieron explicaciones al conductor y su acompañante, ambos en estado etílico crónico por ser adictos al carajillo. No pudieron dar razón de la carga introducida, ellos sólo trasladaban la carga sin supervisar.

No dejan de rascarse la cabeza, negando responsabilidad alguna. y sin saber explicarse de una forma coherente, ni siquiera como han llegado hasta ahí.
Mientras tanto cinco toros caminaban junto a unas vacas, espantando moscas con un ritmo cadencioso, con sus rabos al sol.